domingo, 14 de marzo de 2010

Tus pies blancos


Tus pies blancos me recuerdan a la arena,
la arena me recuerda cuando caminábamos por el mar
y lo que más recuerdo del mar eran tus pasos
y tus pasos me recuerdan a tus huellas

y tus huellas a tus pies tan blancos.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mauricio

Cuando nació sus padres confundidos lloraron con un lúgubre sentimiento, al principio pensaron que era normal y se debía a la ternura y experiencia de ser por primera vez padres, los años trascurrían y Mauricio no era feliz, los juegos le servían solo para matar el tiempo y esperarla noche, en ocasiones prefería quedarse sentado en cualquier parte con la vista perdida y la mente en blanco, sus padres angustiados pensaron que Mauricio era autista, si le pasaba algún pequeño pero doloroso accidente , sus lagrimas rodaban sin expresión alguna y sus abrazos eran tan fríos como abrazar una almohada, así fue como doctores, psiquiatras, maestros y científicos llegaron a una conclusión: Mauricio había nacido sin alma, suena descabellado pero así ocurrió..

Los padres del pequeño ya no muy escépticos lo llevaron con sacerdotes, brujos y monjes, estaban decididos a hacer cualquier cosa pues ya no soportaban ver la frivolidad en su inocente rostro.

Los años pasaron en vano, Mauricio no conocía el amor, ni el arte, ni el dolor del pecho al respirar por algo que duele de sentimiento, este niño no entendía porque las personas reían a menudo, cuando estaba solo practicaba sonreír en el espejo, pero ese movimiento voluntario de músculos faciales le parecía ridículo.
Un día cuando ya era casi un adulto, Mauricio se fue de la casa, su obsesión y nueva teoría lo llevaban a la desesperación, se creía un extra terrestre al cual habían borrado la memoria y no recordaba su misión, lo pensaba porque el resto del mundo era distinto a el, el amor y el odio los regia, mientras a el lo gobernaba el razonamiento.

Camino por muchas horas sin rumbo fijo, escucho un río y fue curioso tras el, estaba muy cansado así que decidió recostarse a la orilla y meter sus pies para refrescarse, un brillo dentro del agua le robo su atención y al incorporarse su razonamiento creyó haber enloquecido, era algo casi espeluznante y “ vampiresco “ .Mauricio no tenia reflejo en el agua, solo en los espejos, entro al río y se busco por todas partes sin éxito, la noche comenzó a llegar, las luciérnagas alumbraban hermosamente el río, rodearon su cuerpo, la luna estaba tan grande y la brisa mojaba delicadamente su rostro , se quedo finalmente dormido y el canto de los grillos , casi celestial lo despertó, algo llego a su cuerpo que nunca había sentido, era como unas ganas de llorar, reír y hablar con alguien, era lo mas perfecto que su lógica había conocido, su pecho y su corazón estaban coordinados y por primera vez las lagrimas cobraban sentido, los grillos seguían cantando mientras el se pregunto : “¿ Que he hecho con mi vida y quien soy? sino un hombre como todos”, fue de nuevo al río donde la luz de la luna ilumino y fue el reflejo de Mauricio quien fue dibujándose y le dijo:

“No te asustes amigo, es solo que has despertado”.

lunes, 1 de marzo de 2010

Luego morir.

Ella dejó caer su feminidad
y su ropa interior,
dejó fluír los líquidos
sin involucrar pensamiento.

Tomó luz de luna llena
e iluminó su entrepierna,
deslizó sus manos
al centro del universo.

La fuerza aliada con el tiempo
detuvieron algunos músculos,
llegó el calor,
luego morir,
el cielo y la gloria.

Ella levanta su feminidad,
su ropa interior
y piensa que delicia
es morir
ficticiamente
de amor.

domingo, 28 de febrero de 2010

La muerte improvisada

Una mujer no puede mirar de esa manera, tal vez las putas, tu no.

Esas fueron las últimas palabras que Martina oyó en boca de su padre, luego lo asesinó.

Todos en el pueblo se preparaban para las festividades del día de muertos, la comida, las flores de cempasúchil, algunas niñas con disfraz de catrina y unos cuantos agregando a esta fiesta el Halloween con calabazas, disfraces de vampiros y brujas.

Martina sólo tenía una cosa en mente: Mauricio, quien regresaría de Canadá y a quien estaba decidida a declarar su amor.

En el panteón estaba enterrada la madre de Mauricio, es por eso que regresaba cada año a visitarla.

Los hombres del pueblo tenían en común el mismo pasatiempo, la cantina y esa noche el primer día de noviembre Don Germán bebía cerveza como agua, cada una representaba el puño de tierra que sepultó a su esposa Verónica, cuanta tristeza y coraje lo invadía, pensaba en lo difícil que ha sido educar solo a una mujer.

Esa Madrugada Mauricio llegaba al pueblo y tenía tantas ansias de volver a sus raíces que salió a dar un paseo, al ver la cantina decidió entrar y empezar a celebrar su llegada.

—Tío Benja soy yo Mauricio, que no me reconoce
—Dios bendito venga pa darle un abrazo pos yo creía que llegaba mañana
—Si tío pero quise llegar antes para limpiarle la tumba a mí madre que en paz descanse.
—Échate un juego de dominó con nosotros mijo, ándele
—Pues a ver si me acuerdo.

La suerte de Mauricio estaba viento en popa, se emocionó tanto que
propuso apostar, así fue, billete tras billete, cerveza tras cerveza y Don Germán
quien estaba en el grupo de jugadores, perdía cada peso de su además pobre
bolsillo, el coraje se apoderó de él, que miserable se sentía éste hombre pues al día siguiente era el cumpleaños de Martina y le compraría un pastel que comerían en la tumba de Verónica para sentirse en familia, como siempre decepcionaría a su hija por culpa del alcohol. Al cerrar la cantina siguió a Mauricio, cuado su tío por fin lo dejó solo, Germán tocó a su puerta y se humilló como un hombre jamás debe hacerlo, lloró para que le regresara el dinero y le explicó del cumpleaños de su hija, Mauricio no tuvo compasión alguna de ese viejo borracho y como tal quiso cerrarle la puerta, ya sin remedio, Germán se abalanzó sobre ella para impedir la acción y entonces pasó lo inesperado: Mauricio cayó de tajo al piso, Germán se asustó muchísimo pero ya alcoholizado y nervioso no pudo evitar robar su dinero, tomó únicamente lo que le pertenecía y corrió asustado a la casa donde Martina se probaba un lindo vestido, se maquillaba las mejillas y los labios.

— ¿Qué te pasó papá? ¿Por que vienes así y a ésta hora?
—Hija tienes que ayudarme, mañana si algo preguntan debes decir que llegué a las tres de la mañana
— ¿Por qué me dices eso? ¿Qué te hicieron? ¿Qué hiciste? ¿Qué te pasó?
—Ya cállate hija y prométeme que dirás eso, hazlo por los dos, por ti, ya no puedo decirte más.
—Pero mírate si estás temblando y más pálido que un muerto, ya dime por favor papá ¿qué te pasó?
—Te diré pero prométeme por la tumba de tu madre no decirle a nadie
—Ya dime ¿quieres?
—Esta noche maté a un hombre—Luego de confesar su crimen soltó en llanto y sus siguientes palabras fueron difíciles de entender debido al quiebre de su voz desesperada—Yo no quería fue un accidente, él me ganó todo el dinero que tenía para tu cumpleaños, fui a recuperarlo pero lo golpeé accidentalmente en la cabeza, quizá te acuerdes de él, es el sobrino de Benja, Mauricio.

Bastante asombro tenia ya Martina de saber que su padre había matado a alguien y más aún enterarse que la víctima era el dueño de su amor, la hizo rabiar, furiosa maldijo a su padre, este sorprendido y nervioso no pudo ni mirarla a la cara, ella gritaba olvidando la pena de aquel hombre, sólo pensaba en Mauricio, entonces fue desconcertada a la cocina, tomó un cuchillo y lo escondió en su espalda, el padre levantó la cara, la observó maquillada hasta el tope, con ese atuendo, viendo como su niña le perdía el respeto y le dijo :

—Una mujer no puede mirar de esa manera, tal vez las putas, tú no—y sin pensarlo dos veces ella sacó el cuchillo y apuñaló a su padre, luego de verlo ahí, desangrándose, la locura la invadió, un grito desgarrador se oyó en el pueblo y Martina una y otra vez hasta quedarse sin fuerza, se apuñaló ella misma, gran tragedia ocurrió ese dos de noviembre.
Los vecinos se impactaron por la triste noticia de aquella familia, ¿Qué pasó esa noche? nadie lo sabía, menos que Germán era borracho pero no un mal hombre y Martina era una jovencita de lo mas dulce, decían en el velorio.
—Nadie se salva de la muerte ella no se pregunta por qué, así nomás se los lleva.
—Así es vecina y cuando no sabe a quién llevarse, hasta improvisa.
—Pobre Don Germán me dio un buen golpe en la cabeza, hasta me desmayó pero no le desearía nunca la muerte, ni le iba a cobrar su dinero y su hija, pobre también, que tragedia y además ,era bonita.